martes, julio 16, 2024
Manifiesto Argentino

Mal pero acostumbrados

(Por Carlos Resio) El relato sobre la rana hervida puede ser utilizado para describir muchas de las situaciones en las que se encuentra el mundo y en particular nuestro país y nuestra provincia. El relato, da cuenta de la situación que se presenta al intentar introducir una rana en un recipiente con agua hirviendo. El animal sale rápidamente del agua ni bien la toca salvando así su vida. Sin embargo, si se introduce en agua a temperatura ambiente y esta se va calentando paulatinamente hasta el hervor, la rana se irá acostumbrando a la temperatura hasta que es tarde para reaccionar. No hice el experimento, no me o permitiría el estómago, pero el relato me da pie para establecer algunas analogías.

Carlos Resio en La 99.3 el 14 de abril de 2021

Quienes nos apasionamos por la historia como objeto de lectura, en mi caso apenas como un aficionado que la lee solo por curiosidad y el placer de saber, tenemos algunas herramientas para entender la idea que expresa que el presente es apenas un eslabón más del pasado que no podría haber ocurrido sin que los anteriores hayan existido. Uno de los historiadores que, para mí, mejor lo expresaron fue Eric Hobsbawn porque indagó en las relaciones entre causas y efectos de la historia de la humanidad y sobre todo fue una persona comprometida con su hora histórica lo que le dio a su trabajo un valor superlativo. Por nuestras pampas también tuvimos historiadores que no se dedicaron solamente a la descripción de los hechos, pienso en José María Rosas, Norberto Galasso y más cerca en Hernán Brienza y Araceli Bellotta. Tampoco me olvido de Bartolomé Mitre, el que escribió una historia para ser leída por los ciudadanos que luego encajarían en su proyecto de país, exclusivo y europeizante, vacío de alma y con héroes de repisa.

Esta introducción intenta contextualizar la pregunta de si somos la rana hervida y si es que no comprendimos a donde nos llevaba el paulatino calentamiento del caldo en que nos terminaron cocinando y si aún tenemos tiempo de saltar fuera de la olla. La historia de nuestro país ha tenido sus ciclos  aunque podemos identificar momentos en que las condiciones para calzar un período de desarrollo parecen haber sido muy favorables. Estoy pensando, para poner un punto de partida, en el período de posguerra y la llegada del peronismo. El contexto internacional, un sujeto político nacional efectivamente interpretado y un liderazgo político que supo proyectar en base a estos elementos permitieron articular una idea de desarrollo nacional que incluía a las mayorías. Este quiebre histórico no se produjo solamente en nuestro país, dejaba afuera a las élites tradicionales y esto no podía ser aceptado por ellas. De todos modos el perfil de la sociedad argentina cambió para siempre y aquella élite dejó de ser dueña exclusiva de la historia como había dispuesto Mitre.

Ser consciente del rol que cumplimos como sujeto histórico debería hacernos reflexionar acerca de los procesos que nos han puesto en la realidad actual, como eslabones históricos, y conminarnos a que asumamos nuestra responsabilidad.

Las distintas dictaduras que desde 1930, intentaron arrojarnos directamente al agua hirviendo, no lograron matar al nuevo sujeto social surgido desde entonces que, aunque maltrecho, siempre salto vivo fuera de la olla. Fue a partir de la recuperación de la democracia en 1984 que, quienes preparaban el agua hirviendo para derrotarnos, comprendieron que la nueva táctica era cocinarnos a fuego lento. Eso si los dejamos. Creo que fue Carlos Menem quien nos ofreció entrar al agua fría después de la experiencia alfonsinista. La ofreció como un refugio, como un lugar donde restañar heridas, y muchos lo aceptaron. Para esto, la mentira, la desinformación y el deterioro de la calidad ciudadana surgida de la última dictadura, conspiraran para la sociedad sintiera la tibieza del baño en que se había sumergido sin comprender que el objetivo era el hervor del 2001. Ese ciclo está constituido por eslabones históricos que necesariamente debemos reconocer para no ser llevados por el mismo camino y creo que la buena noticia es que el hecho de que el gobierno macrista haya sido de solo un período se debió, además de sus propias impericias, a que la sociedad ha capitalizado el aprendizaje. No es que no haya riesgos de recaer o que no existan algunas expresiones preocupantes de una derecha que cambia de disfraz pero somos una sociedad más avisada.

En nuestra provincia también hay una historia para interpretar. También tuvimos menemismo y mientras nuestra case media  misionera se tiraba de cabeza hacia Encarnación por el nuevo puente a comprar vinos finos, caviar y cuanta extravagancia cupiera en el baúl, la economía se desbarrancaba arrastrando a los pequeños productores que malvendían su chacras y se mudaban precariamente a las grandes ciudades, el monumento a la corrupción expulsaba a poblaciones rivereñas, la provincia perdía su banco, los sueldos de empleados públicos perdían el 20% de la noche a la mañana y la precaria industria local desaparecía o pasaba a manos extranjeras a cambio de monedas. Luego, el ciclo kirchnerista trajo algún alivio, pero el perfil de las ciudades no cambió, las chacras no florecieron y la pobreza quedó entre nosotros como parte del paisaje urbano, como un elemento fatal con el que nada tenemos que ver. Esto último no es cierto. Conocer la historia y comprenderla nos viene a mostrar que el hecho de que nos hayamos acostumbrado a la miseria de las comunidades mbyá, a los elevados índice de embarazo adolescente y a los salarios privados mas bajos del país no son surgidos de la providencia sino del transcurso de la historia. Nos hemos acostumbrado, como la rana en el agua tibia, sin percatarnos de que cada vez estamos peor y que esta pequeña mediocridad en que nos encontramos se encuentra sustentada en un sistema político mezquino que lleva a mediocres funcionarios al poder, nos da un sistema judicial vergonzoso, una estructura educativa que se sostiene solo con el sacrificado esfuerzo de sus docentes, una estructura productiva ínfima caracterizada por la concentración y el nulo valor agregado y entre otras cosas una sociedad mayoritariamente pasiva que parece aceptar unmensaje lleno de abalorios y brillos superfluos de títulos vacíos de contenido que solo intentan encandilar. Este impostado mensaje de pretendida modernidad que a veces roza lo “kitch”, solo intenta tapar la verdadera intención de sostener un sistema de privilegios y mantener una situación de la  cual solo podríamos salir con una mejor democracia, trabajo serio y políticas audaces y creativas, elementos que el gobierno misionero no pareciera tener.

Por eso es importante identificar los elementos que la historia nos ofrece para entender que este camino no tiene otro destino que un futuro gris y pequeño. Y que las señales de ese futuro están ante nuestros ojos cuando la policía nos apalea, los docentes señalan sus escuelas con letrinas y los colectivos de defensa de los derechos humanos nos gritan por las injusticias contra María Obando y Cristina Vázquez entre tantas.

La historia no es un pasado en el que “no deberíamos escarbar”, como pretenden algunos. Mirar atrás sin visión crítica y esfuerzo comprensivo sí es una acción vana, pero si aceptamos que la historia tiene las claves para entender el presente y nos esforzamos por descubrirlas, apropiarnos de ellas e interpretarlas en el ejercicio democrático, quizá estemos a tiempo de evitar convertirnos en sopa de rana.

Carlos Resio

Para analizar, reflexionar y debatir el ideario del Manifiesto Argentino, Carlos Resio, integrante de la Mesa Ejecutiva de la organización que conduce Mempo Giardinelli, comparte propuestas de la agenda pública en su columna semanal de cada miércoles, a las 7,30 en el programa Contala como quieras, en La 99.3

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