lunes, mayo 27, 2024
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Volver del olvido

«Esta es una fecha para rendir homenaje a los héroes que quedaron en las islas, a nuestros familiares que sufrieron, a mi madre a quien le informaron erróneamente que yo había muerto en combate y le dió lo que se conocía como derrame cerebral, hoy ACV, y de eso me enteré cuando volví de la guerra». El relato, pausado, conmovido, es del veterano de guerra Mariano Simón Enrique, uno de los tantos misioneros que participó de la guerra de Malvinas iniciada el 2 de abril de 1982 por la dictadura cívico militar.

Mariano Simón Enrique, veterano de Malvinas, en La 99.3 el 1 de abril de 2022
Mariano simón Enrique

Enrique tenía 18 años cuando fue comisionado para participar del conflicto bélico en su condición de aspirante de la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral. No estaba haciendo el servicio militar obligatorio (derogado en 1994), «yo elegí la carrera militar desde los once años, es mi profesión, fue y es mi vocación», por ello remarca su «especial cariño, respeto y reconocimiento por los soldados conscriptos quienes fueron obligados por una ley, yo no, yo elegí esta carrera y si bien las heridas son iguales, quedan en el alma, pero es sorprendente cómo se comportaron esos jóvenes, la forma en que lucharon, la entrega que tuvieron, las vidas que salvaron de sus superiores, hay muchos actos de valor desconocidos… para ellos mi especial afecto y reconocimiento».

Al momento de ser convocado para ir a las islas enrique cursaba el segundo año de la Escuela de Suboficiales de donde egresaría en noviembre de ese mismo año 1982, pero «la tarde o noche del seis de abril o el siete llegó la orden de que todos los aspirantes que teníamos cumplidos los 18 años, yo los había cumplido en febrero, por el conflicto egresábamos como suboficiales cabos en comisión y lo mismo pasó con los cadetes de cuarto año del Colegio Militar que los egresaron prematuramente. De esos egresados 174 fuimos a Malvinas y el resto, alrededor de 1500, fueron a cubrir distintas unidades del sur». Enrique recuerda como «una paradoja» que quienes fueron destinados a las unidades de Corrientes y toda esta zona «eran los más contentos sin saber que en realidad los iban a destinar a las primeras líneas de combate».

Pero para el veterano de guerra hay otras paradojas. Insiste en que eligió la carrera militar pero «por haber cursado estudios superiores ha cambiado mucho mi pensamiento castrense, rígido y formateado, pude entender mejor todo aquello y a cambiar mi cabeza». Subraya que «amo a mi Ejército, a nuestro Ejército, pero no así a quienes lo comandaron en esos momentos, se comportaron cobarde y miserablemente, desde quien presidía la nación en ese momento y los anteriores también, de la misma calaña» y resalta que al finalizar la guerra «nos abandonaron, nos olvidaron, nos ocultaron, nos trajeron a escondidas, nos hicieron sentir como culpables de la derrota» y agrega que él siguió en el Ejército hasta 1988 y en ese tiempo «fuimos perseguidos por orden de la superioridad, buscaban desmoralizarnos, había celos tal vez hacia quienes participamos en el conflicto y quienes no pudieron participar, los generales se portaron muy mal con nosotros» y menciona que «hasta nos hacían pagar el cepillo de dientes que perdimos en la guerra».

Lo que contó Enrique en el programa Contala como quieras, en La 99.3, acerca del maltrato a quienes pelearon en el campo de batalla en Malvinas, el olvido y el abandono, se extendió a toda la sociedad por imposición del silencio, por omisión de los medios de comunicación, por ignorancia, como fuera aquel «castigo» infrigido a los soldados y sus familias se definió después como la «desmalvinización», olvidar, no reconocer a quienes dieron su vida, a quienes no la perdieron pero pusieron el cuerpo igual y entre ellos muchos con secuelas irreversibles que los llevaron al suicidio o la locura.

«El 14 mismo (14 de junio de 1982, día de la rendición argentina ante Gran Bretaña) comenzó el silenciamiento, la desmalvinización» y el primer reconocimiento «se da en los 90 con la lucha de los soldados conscriptos», aunque a los suboficiales y oficiales, a los combatientes profesionales, «el reconocimiento nos lo da en el 2005 el presidente Néstor Kirchner, le guste a quien le guste, y hay muchos a los que no les gusta, especialmente a los de carrera de la institución, pero hasta entonces no teníamos derecho a una pensión, no teníamos derecho a nada y Kirchner atendió nuestro pedido y nos otorgó una pensión que ayudó mucho porque a muchos de nosotros no conseguíamos trabajo, no nos daban trabajo».

Quizás por esa decisión de desmalvinizar, quizás por los vaivenes de la política nacional y también las provinciales, lo cierto es que hasta hace poco más de una década poco se conocía de aquellas experiencias en la guerra desatada por la dictadura, como aseguran muchos, con el propósito de perpetuarse en el poder que se le iba de las manos tras someter al país a un genocidio, a la debacle económica y la exclusión social de millones de argentinos y argentinas.

De aquellas historias, en Misiones quedan en el recuerdo y el homenaje nueve misioneros que dieron su vida en las Islas Malvinas y centenares que, como Mariano Enrique, padecieron la indiferencia, el hostigamiento y el olvido hasta que, a fuerza de no callar lograron ser oídos por el presidente Néstor Kirchner quien como habitante del sur y como gobernador de su provincia, Santa Cruz, no casualmente desempolvó el olvido y comenzó a reescribir la historia del capitulo más cruel desde que el archipiélago de Malvinas fuera usurpado por el Reino Unido.

A cuarenta años de la guerra, en voz alta cabe mencionar a los misioneros muertos en combate: Roberto Estévez caído en combate el 28 de mayo en Pradera del Ganso, Carlos Krause, caído en combate el 1 de junio en isla Borbón; José Luis Ríos, caído en combate el 28 de mayo en Pradera del Ganso; Martín Maciel, caído en combate el 2 de mayo en el Ara General Belgrano; Saturnino Sanabria, caído en combate el 2 de mayo en el Ara General Belgrano; Miguel Meza, caído en combate el 2 de mayo en el Ara General Belgrano; Miguel Sosa, caído en combate el 2 de mayo en el Ara General Belgrano, y Orlando Illanes, caído en combate el 2 de mayo en el Ara General Belgrano.

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