De licuadoras y bibliotecas

En los últimos días volvimos a enterarnos de las penurias que sufre la Biblioteca Popular Posadas porque la casa de electrodomésticos que alquila su salón no le paga el alquiler. De la venta de licuadoras depende la biblioteca. Hábrase visto.
Carlos Resio en La 99.3 el 19 de Agosto de 2020

Creo que esto ya se los conté alguna vez, o varias. Mi hija dice que le cuento muchas veces lo mismo. Seguro que no es siempre igual. Cada vez que le cuento le agrego o le cambio algo. Cuando ingresé al secundario, una de las profesoras, no recuerdo cual, habrá sido la de castellano, nos pidió que hiciéramos una lista de los libros que habíamos leído. Recuerdo también la satisfacción que sentí cuando después de unos segundos de esfuerzo para recordar pude completar el último renglón con un título. Por supuesto, ya en la primaria me tildaban de sabelotodo, hace unos días una compañera de militancia me lo volvió a decir así que parece que no cambié mucho, Calculín me decían algunos, Petete otros. Yo quería saber sobre las cosas, me daba curiosidad saber como se vivía en otras épocas y como lo hacían otras personas, que hubiera hecho yo en el lugar deEnrique Botini cuando Antonio Trabucco, el hijo del albañil manchó el sillón de su sala con el polvo de la ropa de su padre que en ese momento usaba como lo cuenta De Amici en Corazón. Y lo quería contar así que no recuerdo que esos motes me hayan molestado. El secundario fue distinto. También entre mis nuevos compañeros y compañeras había quienes leían. Unos cuantos

No sé cuántos libros leí, seguramente son muchos menos que los que hubiera debido. Contarlos fue cosa de ese pedido de la profe pero cuando hoy miro mi biblioteca y las cajas donde los guardo para cuando mi nueva biblioteca esté terminada me da una satisfacción parecida a la que me provocó llenar aquella página. No por el número sino porque sin que los llame se me presentan por unos instantes los personajes, los datos, las sensaciones que tuve al leer tal o cual libro y me hace sentir de nuevo un poco niño.

Este relato, autorreferencial, me parece que es una pista acerca de la causa de la empatía que muchas veces encuentro en muchos compañeros y compañeras de militancia o con quienes tengo una conexión especial, a los pocos minutos de iniciar una charla. Es como si nos conociéramos de antes. En muchos casos son les niñes que fuimos los que hablan. Porque hablamos de sueños, de ilusiones, de miedos, muchas veces cercanas a la fantasía pero que se acercan a ser reales por la pasión con que las compartimos.

Acaso aquellos a quienes nos duele la desigualdad no pensamos en los niños de Dickens. O la conmovedora actitud de Gavroche que desde su desvalidez llena de asombro y coraje a sus camaradas. La búsqueda de justicia se representa en los libros de caballería, aquellos que enloquecieron a Alonso Quijano y lo convirtieron El Quijote. En su propia historia está presente esa búsqueda. Que mujer por insensible que sea puede quedar sin marca después de leer a Emma Wolf, Alejandra Pizarnik o Alicia Morau y hervirle la sangre ante cada femicidio o sorora muerta por un aborto clandestino. En la historia, incontables personajes nos mostraron su carácter, su temple y sus sacrificios para ir detrás de sus convicciones aunque nunca las hayan visto concretadas. Pienso ahora en las biografías de Belgrano, Alem y el Che. No quiero que este sea un raconto completo. Solo un indicio para tratar de entender por qué nos unimos codo con codo para defender una causa, a veces intuitivamente.

Creo que en las lecturas, no en los mismos títulos sino en los vecindarios por los que anduvimos leyendo, es donde están los valores que nos unen. Es por eso, por ejemplo, que a ustedes y a mi nos conmovió la frase “La patria es el otro” y es por eso que estoy convencido que los pueblos que leen tienen a oportunidad de ser mejores. Y no me refiero a la lectura del intelectual o el erudito. Me refiero a la lectura del niño. Que no necesariamente tiene que ser tomando el libro sino también el relato de un abuelo en un patio, del anciano de la comunidad en el Cuña pirú o de una Machi el Lebucó o de una abuela cuenta cuento, ese extraordinario programa de la Fundación Mempo Giardinelli que a través voluntarias de todo el país llevan el libro y la lectura a miles de niños.

En realidad no he encontrado estudios que afirmen esto y nos soy yo quien para determinarlo. Quizá es un sesgo por mi gusto por la lectura, una intuición.

¿Hubieran sido necesarios un golpe de estado con bombardeo a la plaza de mayo en 1955 y 30.000 desaparecidos en 1976, para imponer un modelo económico en un país donde no se produjeran los 50 millones de libros y 5.000 títulos por año? En el 55 con 19 millones de habitantes y en 1976 con 14 millones.Sería posible que personas con una historia de buenas lecturas esgrimieran las consignas que se ven en las marchas odiadoras. Recordemos las quemas de libros del Centro Editor de America Latina y los millones de libros para su distribución gratuita humedeciéndose en los galpones macristas. Por algo hay que destruirlos, la derecha odiadora lo sabe. Porque es vulgar e ignorante, pero no es tonta.  Ayer se cumplió otro aniversario del asesinato de Federico García Lorca

Es por todo lo anterior, que se parece mucho a una digresión desordenada que quisiera hacer una reivindicación a quienes hacen un esfuerzo para que el libro y sus historias lleguen a los niños y a los jóvenes. El foro del libro y la lectura que todos los años oraniza la FMG y que en este momento tiene lugar en Resitencia, por primera vez en 25 años de forma virtual, es uno de esos ejemplos. Las abuelas cuenta cuentos, docentes, padres y abueles, bibliotecarias y voluntarios, los amantes de la lectura, son quienes todos los días reparan la trinchera contra el odio y la ignorancia. Para que nos encontremos y nos reconozcamos compañeros, como niños, detrás de una ilusión, de un sueño común, por ejemplo, el de una Latinoamerica libre, popular, multicolor y feliz. Que es mi sueño, y estoy seguro que también es del de utedes.

El Manifiesto Argentino es un colectivo integrado por ciudadanos y ciudadanas de toda la república, y todas las profesiones y actividades, que ha instalado ya en la agenda política de la República Argentina algunas ideas hoy fundamentales para la vida nacional. En primer lugar la necesidad de una Reforma Constitucional profunda y popular de la que resulte una Nueva Constitución Nacional.

Para analizar, reflexionar y debatir el ideario del Manifiesto Argentino, Carlos Resio, integrante de la Mesa Ejecutiva de la organización que conduce Mempo Giardinelli, comparte propuestas de la agenda pública en su columna semanal de cada miércoles, a las 7,30 en el programa Contala como quieras, en La 99.3

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