Amenazas mediáticas a la Corte

Los supremos son advertidos sobre un alzamiento en defensa de jueces macristas. La “loable” decisión del ex abogado de Clarín y presidente de la Corte de convocar a sesión el martes para defender a los jueces del macrismo envalentonó a las y los columnistas que, al servicio del dispositivo que le disputa el poder al Gobierno, amenazan a los supremos con un levantamiento de clase media que les impedirá andar por la calle. Bajo el mismo mandato, alientan la debilidad del ministro Guzmán y del elenco económico, frotándose las manos por una devaluación.
Hugo Muleiro

Estos días el despliegue de las y los columnistas vuelve a hacer jirones al periodismo nacional y, en su indecible sufrimiento por la sobrevivencia política de Cristina Kirchner, derivan entre presentarla como un ente maléfico sobrenatural, con dibujito incluido, y -otra vez- como un ser con desequilibrios mentales. Esta búsqueda política desquiciada lleva a un periodista-pensador a un hallazgo descomunal: ella controla el Senado “con la mirada”.

Hugo Muleiro en La 99.3 el 28 de Septiembre de 2020

Por supuesto, esta pseudo teoría incluye afirmar que domina a placer al Presidente, que “no es quien dice ser”, como publicó el lunes Novaresio en Infobae, copiando y pegando lo ya publicado por varios redactores de Clarín y La Nación. De hecho, casi lo mismo hizo la editora Fesquet, quien acusa a Alberto Fernández de usar las instituciones democráticas para liquidarlas, así nomás. Eso sí: la teoría de esa práctica viene de unos profesores de Harvard, lo que reviste de pavoneo académico a un banal ataque político.

Pero si hay que amenazar abierta o solapadamente a la Corte para que defienda a los jueces que el macrismo usó y usa en clave anti-kirchnerista y para conseguir encubrimiento a sus negociados, nadie mejor que el procesado Santoro, nave insignia de la banda Stornelli, D’Alessio, Bonadío y Otros: pone en juego la figura del “mal desempeño” de los supremos que no resuelvan como se les exige. Este artículo, publicado el lunes, equivale a que Al Capone toque a la puerta de la casa de un juez la noche anterior a una sentencia sobre la mafia.

Hablando de casas, Savoia de Clarín les recuerda a los cortesanos sobre las clases medias activas en las calles. Se dirige en especial a uno de ellos, sin nombrarlo, definiéndolo como incapaz de soportar el “no poder pasear tranquilo por el shopping”. Y les recuerda a todos la posibilidad de caceroleos bajo sus ventanas.

Estos aprestos de escraches ya habían comprometido el martes a Pagni, de La Nación, quien agitó la “enorme expectativa” que cae sobre la Corte, con cuya decisión se sabrá, advirtió, si hay o no “jueces honestos” en el país. En el mismo diario, Morales Solá celebró que Rosenkrantz convocara a reunión para poner fin a la “actitud pasiva” del tribunal. El jueves, Pagni dijo que esa acción es una respuesta a la “presión de la opinión pública”.

Y así, sin mayores matices ni variables en los enfoques, salvo los aspectos más risueños o grotescos. Como “el gas paralizante de Cristina” que usa el domingo Van der Kooy en Clarín, acaso atormentado porque es difícil empatarle a La Nación cuando ilustró un enésimo ataque a la figura de Cristina Kirchner con un dibujito en el que Ella emana truenos, rayos mortales y acaso ese “gas paralizante” que lo desvela. Para peor, la nota hace una poco disimulada reivindicación del voto calificado: ¿cómo igualar tanto coraje republicano?

Todo un problema para el infortunado columnista, que en un párrafo dice que la Vicepresidenta solo se ocupa de la Justicia, para salvarse a sí misma, aunque dos párrafos antes había tecleado que el intento de expropiación de Vicentín fue decisión de Ella. Y dos párrafos después la ubica interesada en la marcha de la economía, como lo había escrito el viernes en el mismo diario el multifunción Bonelli, quien la definió como muy activa ante las enormes dificultades del Gobierno para defender las magras reservas en dólares.

Aparentemente neutral, Bonelli escribió que el “mercado” lanzó “fake news”, como la de un nuevo “corralito”, pero después citó un supuesto diganóstico de Barclays, compañía de seguros financieros o, dicho en criollo, parte de la carroña financiera multinacional, para decir que la devaluación es “inevitable”. Eso sí: si aquello del corralito es “fake news”, como está de moda llamar ahora a las noticias falsas, Di Marco de La Nación ni se enteró, porque cerró su nota del viernes preguntando “cuánto hay de verdad” sobre una incautación de depósitos.

Si Van der Kooy se encontró en un fenomenal enredo para atacar a Cristina Kirchner, no le fue mejor el domingo a Morales Solá: en una ya rutinaria lista de desastres cometidos por el Presidente, dice que las instituciones no responden como es el caso del Senado. Es que Ella “lo controla con la mirada”. Es un tema que bien podrían tomar los científicos de Harvard, a ver si pueden explicar el prodigio.

Sin embargo, no hay nada de qué reírse ante esta presión concertada sobre la Corte, que puso en marcha Rosenkrantz, a quien se le agradecen los servicios. Una nota editorial de La Nación dice que es una medida “loable”. Morales Solá, en el mismo diario, se ocupa de desmentir que se haya reunido con Mauricio Macri.

El trabajo en la plaza cambiaria y para la incidencia de las oligarquías nacionales e internacionales en la definición de la política económica fue emprendido con entusiasmo por Fernández Canedo, el miércoles en Clarín, quien igual que Bonelli habló de “bancos de inversión” que hacen el pronóstico de devaluación. Pero ese no es todo el trabajo que se le encomendó: pregunta si “será Martín Guzmán el conductor” de esa política.

La posta la tomó el domingo su jefe Kirschbaum. Juguetón, ingenioso, entra con el dólar y pasa al “Presidente devaluado”. Por supuesto, saborea la caída de Guzmán y Pesce, que Bonelli y Pagni vienen alentando hace varios meses.

Y no solo Van der Kooy apareció con idas y vueltas e ideas confusas sobre la Vicepresidenta. El sábado en Clarín Roa quiso escribir, parece, un diagnóstico lapidario sobre los políticos argentinos, a raíz de la imperdonable irresponsabilidad del diputado salteño del oficialismo y su escena íntima en plena sesión. ¿Cómo enfocó este tema? Preguntándose qué pasaría con una situación así en una sesión presidida por Cristina Kirchner. Por supuesto, no hay respuesta útil para una pregunta tan inútil, así que no tiene más que teclear: “Solo ella sabe qué pasaría” ¡¡Periodismo!!

Las acciones detestables del diputado sirvieron en bandeja el contexto para las habituales sentencias contra las y los políticos argentinos, interpretaciones obvias, condenas “morales” y todo el folclore de un dispositivo de comunicación que tiene tanta habilitad para acusar a sus adversarios como para encubrir su propia mugre. Eso sí, estos moralistas publicaron una y otra vez la foto de la deplorable escena, incluso en tapa y destacando el cuadrito en cuestión. Porque así es su “moral”.

Semana a semana el periodista y escritor Hugo Muleiro repasa con detenimiento las columnas de opinión y análisis de los principales medios gráficos de mayor alcance nacional en tanto hegemónicos. Sus columnas se publican en Comunicadores de la Argentina (OPERETAS. www.comunanet.com.ar)

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