domingo, julio 21, 2024
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Efecto Orloff

Carlos Resio.

En el Brasil de los años 80, una propaganda de vodka Orloff mostraba a una persona que, al prepararse para salir una noche de sábado, veía en el espejo del baño a otro parecido a él, pero arruinado por la resaca que lo miraba y sentenciaba: ” Así vas a estar mañana “. La publicidad cerraba con un ”Pensá en mañana. Exigí Orloff hoy” (el supuesto inverificable era, claro, que Orloff no dejaba resaca).

Carlos Resio en La 99.3 el 2 de noviembre e 2022

Esta propaganda estaba referida a las medidas que se tomaban en nuestros países para estabilizar las crisis de la deuda generalmente después de las ayudas del FMI. Entonces, en Brasil siguiendo la misma receta que había sido aplicada en Argentina, al poco tiempo veían su propio fracaso al mirarse en el espejo y la imagen de nuestro país que ya empezaba a hacer agua. A pesar de tener estos avisos, nuestros países aplicaron las mismas medidas una y otra vez produciéndose los famosos efectos tequila, caipiriña y vodka con las explosiones de las deudas identificadas por el nombre de la bebida típica de cada país en la década del 90 con las consecuencias pagadas por las clases trabajadoras, como siempre. Luego la historia es conocida y los países nos fuimos diferenciando logrando una etapa de recuperación y alguna independencia económica, en nuestro caso cancelando la deuda con el FMI en 2005 y en el caso del Brasil llegando a ser la 6° economía mundial en 2011. Esto último de la mano de gobiernos populares.

Pero la derecha no descansa y el incesante trabajo de desgaste sucio sobre los gobiernos de Dilma Rousseff y Cristina Fernández, pero también los errores propios que no fueron pocos, hicieron su efecto en las mentes de los votantes quienes optaron por apoyar a sus verdugos. Esta vez, quienes no confiaron en el efecto Orloff fueron los brasileños que a pesar de ver la imagen que Argentina les mostraba con el desarrollo del gobierno de Macri, eligieron a un esperpento como Bolsonaro quien llevó a la sociedad luso parlante a una crisis de convivencia con grados de violencia como hacía tiempo no vivía.

En mi columna del 24 de abril pasado, titulada “Signos que son consecuencias”, marqué el hecho de que la historia nos anticipa, en distintas épocas y escenarios, situaciones en las que seguramente podemos vernos reflejados. Pero bien lo dice el dicho, “los países que no conocen su historia están condenados a repetirla”. En nuestro caso, no hace falta retroceder siglos para tener ejemplos ni hace falta buscar historiadores en los países desarrollados para que nos lo adviertan. Basta leer, por ejemplo, “La historia de los ferrocarriles argentinos” de Raúl Scalabrini Ortiz o “La colonización pedagógica y otros ensayos” de Arturo Jauretche para estar provistos de un buen arsenal de advertencias. Pero también muchos de nosotros y nosotras tenemos los suficientes años como para valernos de nuestra propia experiencia e identificar a quienes se benefician con determinadas políticas con sólo verles las caras. Aunque por lo visto este razonamiento no funciona y si seguimos pensando que las sociedades no se suicidan porque los pueblos tienen sabiduría y todas esas pavadas vamos a seguir repitiendo estos ciclos indefinidamente y seremos botín de guerra de las potencias y la suerte de nuestros pueblos oscilará entre estar con el agua hasta el cuello, hasta la nariz o la coronilla alternativamente pero nunca pisando sobre tierra firme.

Con la hiper conectividad actual, también podemos enterarnos de que en sociedades en que parecía estar todo resuelto también se están produciendo situaciones de exclusión y marginalidad impensadas para situaciones infinitamente más holgadas que las nuestras. Cuando Aníbal Fernández defendió las expresiones de Cristina Kirchner ante la FAO en que aseguró que en nuestro país los niveles de pobreza habían caído al 5% (hablando de otra manera de medirla), ante la pregunta de un periodista, aseguró que en Argentina había menos pobreza que en Alemania. Las dos declaraciones, la de Cristina y la de Aníbal, en lugar de ser analizadas profundamente para poder entender lo que estaba pasando en el mundo occidental fueron rechazadas de plano y utilizadas para el menoscabo del gobierno kirchnerista. Si no hubiera sido por la pésima política comunicacional, que parece que no queremos abandonar, se hubiera podido mostrar a la sociedad que mientras en los países de la Eurozona y en Estados Unidos de Norte América los índices sociales caían en picada y las certezas de su opulencia crujían ensordecedoramente, la de nuestros países sudamericanos mejoraban paulatinamente, aunque con dificultades, a tal punto de haber alcanzado el hambre cero según lo expresara Juan Carr en 2013.

Hoy nos encontramos en un momento de peligrosas consecuencias que pueden tener una larga proyección temporal. El pueblo argentino tiene ante si a quienes proponen justicia social soberanía política e independencia económica, banderas que ya no son solo portadas por peronistas y por el otro lado a los que le ofrecen el sálvese quien pueda, la pérdida del esfuerzo popular de más de un siglo y medio y de los derechos sociales, políticos y económicos que costaron miles de muertos y un país para pocos con el argumento de que si todos ponemos nuestro mejor esfuerzo el mercado nos hará un gran país. Pero hay evidencias que permiten conocer la verdadera cara monstruosa de esta propuesta, ¡nos las dicen sin tapujos! Se eliminarán las empresas públicas, se sacrificarán los sindicatos como a un animal herido, quien quiera andar armado que ande armado, en 6 meses cambiamos la ley, capacitamos al ejército y lo sacamos a la calle, el liderazgo e tiene que bancar muertos en las calles y otros etcéteras en los que se puede mencionar cada una de las tropelías que cometieron cuando fueron gobierno.¡No es tolerable la persecución judicial con falsos procesos!;¡No es tolerable el espionaje extrajudicial!;¡No es tolerable el asesinato en manos de fuerzas federales!;¡Es descalificatorio!¿Por qué que hay que explicarlo? Creo que es porque no hicimos lo que debimos hacer. Porque la derecha política es protagonista del juego democrático en cualquier lugar del mundo y debe ser enfrentada en justa lid, pero no si se transforma en un espacio delictivo. Y en este caso debe ser combatida como lo son los delincuentes peligrosos.

Claro que soy consciente de que el gobierno de Alberto Fernández tiene una enorme dificultad por llevar a cabo políticas que satisfagan a quienes lo votamos y que muchas de los problemas, algunos graves, fueron generados por este mismo gobierno, pero también soy consciente, y deberíamos serlo todos, que una cosa son los errores e incapacidades de las personas o de determinada configuración de los gobiernos populares y otra son las consecuencias de un gobierno cuyos intereses son contrarios a los del pueblo y afines a los de las minorías privilegiadas nacionales y el poder económico internacional que no ve en nuestros países más que un pozo de donde sacar sus recursos naturales y sus políticas buscan precisamente estas consecuencias.

Seguramente este tiempo que nos queda para enderezar rumbos, o no, y clarificar en la cabeza de las mayorías populares, incluso y sobre todo aquellas que siéndolo han sido convencidas que tienen un destino individual de tope de pirámide de ingresos, es un tiempo de esfuerzos y lucha. Pero si no imaginamos caminos novedosos para persuadir al pueblo con un mensaje fuerte claro y contundente de que de los desaciertos se aprende pero no se deserta para entregarse al enemigo y si no actuamos enérgicamente con las herramientas de la constitución, las leyes y el apoyo de un pueblo decidido a sostenerse habremos caído nuevamente en manos de los opresores y esta vez las ataduras, estoy convencido, serán mejor realizadas, las voces definitivamente calladas y las voluntades debilitadas de forma permanente. No es una tarea fácil, nos llevan la delantera, pero contamos con la fuerza de la convicción y la certeza de que a derrota es inaceptable, hay que agregarle materia gris y ser cuidadosos con los liderazgos que elegimos.

El espejo que se nos presenta nos devuelve una imagen de muerte. Como en el Efecto Orloff, propuesto por los brasileños en la década del 80 del siglo pasado, sepamos que si tomamos la misma bebida que ya hemos probado y que nos deja resaca tras resaca, seremos mañana el pueblo derrotado que el espejo nos muestra. Seamos capaces de proyectar una imagen de quien supo capitalizar sus errores y en vez de elegir un licor adulterado para anestesiar la sensación de fracaso elijamos el trago de agua fresca y cristalina que nos ofrecen las mejores tradiciones populares de lucha, estudio y compromiso nacional para que la imagen de nuestro futuro nos muestre enteros para encarar la reconstrucción nacional y que sea la real imagen de nuestro pueblo derrotando a los profetas de odio y la desesperanza.

Carlos Resio

Para analizar, reflexionar y debatir el ideario del Manifiesto Argentino, Carlos Resio, integrante de la Mesa Ejecutiva de la organización que conduce Mempo Giardinelli, comparte propuestas de la agenda pública en su columna semanal de cada miércoles, a las 7,30 en el programa Contala como quieras, en La 99.3

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