Quizá, algún día vengan por mí

Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata.
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista.
Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío.
Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.

Martin Niemöller

(Carlos Resio) El nuevo juicio de María Ovando, acusada de haber propiciado y encubierto el abuso sexual sobre sus hijas y nieta, en el que la evidencia de su inocencia y el ensañamiento con que funcionarios judiciales de un sistema judicial espantoso caen sobre María, me interpelan.

En la Pascua de 1946, en un discurso público que dio en la localidad alemana de Kaiserslautern titulado ¿Qué hubiera dicho Jesucristo?, el pastor luterano Martin Niemöller incluyó el famoso poema que empieza “Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio . . . “

Y culmina diciendo:“Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar”

Carlos Resio en La 99.3 el 28 de octubre de 2020

Según Niemöler, el poema fue inspirado por su remordimiento y sentimiento de culpa al haber confiado en Hitler cuando antes de asumir como canciller le dio su palabra de honor prometiendo que no habría persecuciones. Después de todo, el mismo Niemöler pensaba que los judíos no debían ocupar cargos públicos y los comunistas estaban promoviendo el ateísmo en Alemania. Cuando se dio cuenta del engaño y comprendió el horror a que se enfrentaba ya era tarde. Hitler había iniciado su política de muerte y su tardía pero valiente oposición le costó el confinamiento en el campo de concentración de Dachau.

Me interesa dejar bien claro que no estoy asimilando lo que sucede en la provincia con el nazismo. No tienen punto de contacto. Sino que trato de traer la reflexión de Niemöller para que pensemos en nuestras conductas ciudadanas en cualquier circunstancia en la que veamos amenazados nuestros derechos, pero antes y sobre todo los de nuestros conciudadanos más débiles.

Una lista de casos resonantes preceden a este nuevo acto indecoroso del Poder Judicial de la provincia de Misiones como es un nuevo juicio a María Ovando. La impunidad del asesinato de Marilín Bárbaro, los juicios a Victoria Aguirre, María Ovando, Cristina Vázquez y Cecilia Rojas son sólo algunas muestras de la calidad de nuestro sistema de justicia y sus funcionarios. La razón me dice que no hay que generalizar, porque seguramente habrá buenos funcionarios. Pero no hay voces que desde dentro señalen tanta iniquidad.

Las prisiones preventivas sin plazo que violan todos los tratados internacionales (el 40% de los presos no tienen sentencia firme, ha constatado la Comisión Provincial de Prevención de la Tortura), los casos de sentencias de culpabilidad sobre inocentes no son sino muestras de que el autoritarismo y la arbitrariedad son los rasgos que sobresalen. Para peor, el máximo órgano judicial es blanco de críticas, cuando no de burlas en todo el país, por su baja calidad técnica y académica además de su dependencia del poder político imperante.

En el nuevo juicio sobre María Ovando la acompañan dos jóvenes acusados sin pruebas de abuso sexual y detenidos desde hace seis años a pesar de que al momento de producido el supuesto crimen eran menores de edad. En este proceso a María, mujer y pobre, no han quedado ofensas sin cometer. Hemos escuchado al fiscal, en un raíd mediático, expresarse con un discurso estereotipado, misógino, de pobreza discursiva vergonzante y lleno de prejuicios. En su alegato, el tono de revancha fue tan evidente que dio vergüenza ajena. Además de condenarla por los crímenes de que se le acusa, debería ser condenada por mala mujer y por mala madre, dijo. ¿Se puede aceptar tamaña declaración en la boca de un funcionario público? ¡Se permite valorar moralmente a la acusada! No podemos esperar otra cosa de funcionarios con deficiente formación, mal seleccionados y juzgados presididos por grandes crucifijos.

El mismo proceso está lleno de arbitrariedades, fallas procesales y, según informan los poquísimos periodistas que siguen el caso, hasta de ilegalidad. El presidente del tribunal original tuvo el decoro de inhibirse por no tolerar las irregularidades con que se está sustanciando este juicio. No soy abogado, no estoy formado en leyes pero esto no hace falta para entender lo que pasa. Sólo debemos cumplir con nuestra obligación ciudadana e interesarnos.

María Ovando y las demás víctimas mencionadas anteriormente han podido afrontar esta injusticia gracias al apoyo de abogadas y abogados comprometidos con los derechos humanos y el Equipo Misionero de DDHH, Justicia y Género que de manera encomiable se han puesto al hombro este estado de cosas.

Y aquí me detengo y digo que no es suficiente que unos pocos militantes comprometidos se ocupen. La sociedad toda debe darse cuenta de que este sistema es su propio enemigo. Que de no levantar la voz a tiempo para discutir la reforma del sistema judicial, este mismo sistema que dice velar por sus derechos puede convertirla en víctima. Prestemos atención a lo que nos dicen quienes nos señalan lo que pasa aun a costa de ponerse en riesgo y recibir, incluso por parte de sus pares, todo tipo de agresiones. Porque, como dice el poema de Niemüller, cuando nos toque no habrá quienes protesten por nosotros.

Carlos Resio

Para analizar, reflexionar y debatir el ideario del Manifiesto Argentino, Carlos Resio, integrante de la Mesa Ejecutiva de la organización que conduce Mempo Giardinelli, comparte propuestas de la agenda pública en su columna semanal de cada miércoles, a las 7,30 en el programa Contala como quieras, en La 99.3

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