El perro o el peatón

(Carlos Resio) En la oficina que expedía las licencias para conducir en Villa María había un evaluador, un policía de tránsito, por el que habían pasado por lo menos 2 generaciones al momento en que yo fui a rendir el examen al día siguiente de haber cumplido los 18. El tipo, que generaba miedo y ansiedad, además de preguntarte acerca de las señales de tránsito y algunas normas tenía una pregunta con la que eliminaba sin piedad a postulantes que no hubieran hablado con quienes ya habían pasado por su escrutinio. Sabíamos la respuesta de antemano. “A ver caballero, si usted llega con su vehículo a la esquina y desde una vereda está cruzando la bocacalle un peatón y desde la otra un perro, ¿a quién pisa?” Si contestabas mal te rechazaba y debías volver al mes siguiente aunque hubieras sabido normas y señales perfectamente. Ya volveré con esto.

Carlos Resio en La 99.3 el 7 de octubre de 2020

Los incendios en el delta del Paraná, la región de lo que fue el impenetrable chaqueño y, sobre todo, los de Córdoba transmitidos en vivo con fotos de animales calcinados y propietarios desesperados huyendo con lo puesto, no son una novedad. Lamentablemente se vienen repitiendo con intensidad similar desde hace por lo menos 30 años. Las sierras de Córdoba, a las que conozco de punta a punta desde hace 50 años, cambiaron su fisonomía. De bosques de diversa característica a pastizales monocolor con algunas excepciones. 

A principio del siglo XX la provincia de Córdoba contaba con 12 millones de hectáreas de bosques. El chaco austral con quebrachales, algarrobales y palmares de caranday al norte y oeste serranos y una enorme zona de espinales en los que se combinaban el caldén pampeano, grandes molles y aromos hacia el este. En el año 2000 solo quedaba el 4% de esa extensión y desde 2000 a 2012 se perdieron 150.000 ha de ambientes arbóreos coincidentemente con el boom de la soja.

La extensión de la frontera sembrable y la expansión inmobiliaria producto del dinero producido por aquella produjo un avance sobre áreas naturales antes protegidas y luego liberadas por dudosas excepciones. Lo que quiero decir, es que los incendios dolorosos que vemos en la tele y que quemaron 200 mil hectáreas son apenas nada comparado lo que ya se había perdido. Este es el ejemplo de Córdoba, pero podemos encontrar ejemplos similares en otras regiones del país y del mundo.

Muchos de nosotros nos asombramos y angustiamos al ver estas escenas pero, me parece, que nos hemos hecho los distraídos durante demasiado tiempo. Esta catástrofe viene siendo preanunciada desde hace por lo menos 30 años. Ahí está como ejemplo del biólogo cordobés Raúl Montenegro quien en 2004 recibió una distinción en el Nobel alternativo por denunciar los desmadres y desde FUNAM viene bregando sin descanso por el cuidado del medioambiente sin que su nombre sea conocido más que por algunos.

No es un fenómeno exclusivamente local. ¿Quién no recuerda los pavorosos incendios de Australia primero y de la Amazonía después? ¡Hasta en el Ártico está habiendo incendios!!

No hay más tiempo, no hay más planeta. No podemos fabricar tierra. Estamos en un sistema cerrado y somos demasiados. Y somos voraces e irresponsables. Trump, Bolsonaro y la hipocresía europea son el producto de haber cedido durante demasiado tiempo. Los pueblos no pueden seguir cediendo. Los territorios más perjudicados son donde habitan las sociedades en vías de desarrollo.

La voracidad capitalista del consumo a cualquier costo está arrasando con el planeta. Nos dan como buena noticia el crecimiento chino y empezamos pensar en cómo le podemos sacar provecho sin tomarnos un instante para reflexionar críticamente. Mientras tanto más plástico y venenos son vertidos a los océanos y poblaciones enteras son sometidas a desechos tóxicos mientras la extinción masiva de animales y vegetales ya está en marcha.

En el Atlántico y el Pacífico flotan islas de plástico del tamaño de Francia, decenas de cruceros inutilizados por la pandemia se pudren en un puerto turco, en 2007 ya la ONU advertía que 150 especies de animales se extinguían diariamente, el calentamiento global y el derretimiento de polos y glaciares son un hecho. Miles de migrantes mueren ahogados ante la indiferencia de las naciones. Ni hablar de nuevas enfermedades y pandemias de carácter bíblico. Imaginemos las consecuencias cercanas de todo esto.

De nada sirve entonces que la preocupación sea individual o de este o aquel país. Por ejemplo, ¿qué oportunidad tiene lo poco que queda de nuestra selva si Paraguay y Brasil nos rodean con un mar de monocultivo? Podemos ser los campeones de la conservación ambiental, pero la presión no nos dejará alternativas si estamos solos.

Mientras todo esto sucede, el 1% más rico, el responsable directo de tamaña destrucción, ya está financiando proyectos para su huida planetaria mientras sigue lucrando con la destrucción. No es momento de soluciones graduales, no queda tiempo. Pero ¿podemos imaginar una parada generalizada de los sistemas de producción y consumo? ¿No habrá resistencia de los dueños del aparato productivo y financiero? ¿Podremos imaginar las consecuencias sobre los pueblos de las naciones en desarrollo o las masas trabajadoras?

Estamos ante un dilema enorme. Hemos construido una maquinaria que en solo unas décadas se ha consumido el planeta ante el grito desesperado de quienes lo veían venir. Ahí está la carta de Juan Perón, Mensaje a los Pueblos y Gobiernos del Mundo, de 1972 y el discurso de Fidel Castro en la ONU en 1992. Ambos vaticinaron este estado de cosas. Pero eran el enemigo. Parece que no, el enemigo estaba en otro lado.

La salida, si es que la hay, no será un lecho de rosas y será imposible sin la participación de los pueblos y su indignación. En su libro, Indígnate de 2010, a propósito del retroceso de derechos sociales en Europa, Stéphane Hessel nos decía que el motivo de la resistencia es la indignación y que la indiferencia es peor que la maldad. La indignación debe convertir a los pueblos en decididos militante no violentos por la recuperación de la vida en el planeta. Sabemos que el poder no está dispuesto a soltar el mango de una sartén que ya no existe y la violencia es su método.

Este proceso de recuperación requiere mucho de imaginación, participación y decisión y las dirigencias gobernantes se harán cargo cuando sea demasiado tarde. Hay miles de organizaciones ambientalistas, campesinas, indígenas y populares en general que ya están transitando ese camino para que los acompañemos. La pandemia nos ha mostrado algunas pistas. Allí donde dejamos de pisar, florece la naturaleza y regresa la vida. La presión sobre el poder debe hacerse sentir ahora mismo y en todo el mundo. La acción debe ser decidida y contundente. Las medias tintas son una pérdida de valioso tiempo.

La respuesta correcta que esperaba mi examinador hace 50 años era que no hay que pisar ni al perro ni al peatón como nos indica el feroz capitalismo en su falso dilema, hay que pisar el freno.

Carlos Resio

Para analizar, reflexionar y debatir el ideario del Manifiesto Argentino, Carlos Resio, integrante de la Mesa Ejecutiva de la organización que conduce Mempo Giardinelli, comparte propuestas de la agenda pública en su columna semanal de cada miércoles, a las 7,30 en el programa Contala como quieras, en La 99.3

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