jueves, junio 20, 2024
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Sinsentido

Carlos Resio.

La construcción de sentidos de la sociedad argentina puede describirse como la historia de la resistencia de un pueblo intentando una identidad contra la intención de una élite que, al decir de Diego Capusotto, se cree dueña de un país que aborrece. A partir de la conformación de la Argentina como Estado Nación la línea fundadora se esforzó por convencernos de que somos un país de habitantes suficientemente blancos como para recrear la modernidad europea en una tierra donde alguna vez hubo indios. Incluso lograron que durante décadas evitáramos la pregunta que nos genera el reconocer rasgos americanos en nuestros conciudadanos, incluso en nuestras hijas e hijos, siendo que modernos estudios genéticos han determinado que el 60% dela población argentina tiene ascendencia aborigen. Esta misma élite es la que se horrorizó con la irrupción en Buenos Aires del cabecita negra a la que el entonces diputado nacional por la UCR Ernesto Sanmartino llamó aluvión zoológico. Pero más indignación aún les generó cuando esta masa de olvidados fue recogida por el estado para entregarle sus derechos como lo ilustra el episodio en que Robustiano Patrón Costas, dirigente conservador salteño, ex gobernador de Salta y diputado nacional en varias oportunidades, se quejaba que por los derechos otorgados por el peronismo a los trabajadores no solo se atrevían a pedir aumento de salario sino que al hacerlo tenían la desfachatez de mirarlo a los ojos.

Carlos resio en La 99.3 el 12 de octubre de 2022

Mucho se ha avanzado en la construcción de identidad, universalización de derechos y satisfacción de reclamos populares y por eso las demandas han subido varios escalones desde aquellos primeros logros y también por eso siempre habrá deudas en la búsqueda de la justicia social. Existe un reclamo en especial, el de las comunidades originarias,cuya resolución se muestra como un nudo gordiano cuya complejidad y justicia requiere de soluciones creativas e inclusivas y no como las propuestas de los tiempos de infames genocidios de fines del siglo XIX y la violencia y despojo que siguió hasta nuestros días que insisten en resolverlo con la espada de Alejandro Magno que de un tajo zanjó el problema en su favor. El reconocimiento formal de los derechos de los pueblos originarios en Argentina incluidos en la reforma constitucional de 1994 se ha cumplido sólo parcial e insuficientemente en algunos distritos y, en general, sólo ha logrado que la sociedad incorpore a su ámbito cultural al asunto indígena como una mirada políticamente correcta más que como una racionalización comprometida del tema y la voluntad de reparación. Uno de los preceptos inconclusos es el relevamiento de los territorios ancestrales reclamados por las comunidades y esto no es casual ya que entra en evidente colisión con los intereses vinculados al negocio extractivista, inmobiliario y turístico, que son otro tipo de extractivismo, y se hace evidente sobre todo en los casos de enormes extensiones de territorios en pocas manos, muchas veces extranjeras. El tema de la propiedad de la tierra es el tema que viene generando los conflictos más agudos y que han sido tratados de distintas maneras según los gobiernos que los han abordado. Los métodos reflejan nítidamente los objetivos; han sido las mesas de diálogo del gobierno de CFK o las balas asesinas de Macri y Bulrich. Y con el nuevo gobierno nacional y popular se volvió al intento de solución política con Magdalena Odarda, titular del INAI, enfrentada con Anabella Carreras gobernadora de Río Negro,y Sabrina Friedrich, ministra de seguridad luego renunciada por ser demasiado pensante y duramente criticada por Ritondo, un personaje vinculado al narcotráfico por la jueza Arroyo Salgado. Así los protagonistas. Pero Alberto Fernández, también cedió en este tema a la voluntad de los gobernadores vinculados a los negocios y arrodillados ante Benetton, Lewis y los desarrolladores inmobiliarios,  que exigieron cambiar la construcción paciente de Fredrich y Odarda por el garrote de Aníbal Fernández, ahora ministro de seguridad quien a voluntad de Waldo Wolf y Patricia Bulrich  participa presuroso y obediente al desalojo de 37 hectáreas supuestamente usurpadas pero no lo hace ante la orden judicial de liberar el camino a lago escondido parte de las 11.000 hectáreas adquiridas por Joe Lewis violando la ley 15.385 que prohíbe vender a extranjeros tierras en zona de frontera y a las que el multimillonario defiende con matones.

Esta última instancia vuelve a regalar a la derecha violenta una nueva claudicación, como si no hubiera sido poco el olvido al que fueron condenados Santiago Maldonado, Rafael Nahuel y Elías Garay, asesinados en circunstancia de reclamos territoriales y víctimas de la demonización que vienen sufriendo las comunidades para deshumanizarlos y facilitar su eliminación, como sucede aquí y en otros países de toda América, y esto ante una parte de la sociedad que solo se mira el ombligo.También en nuestra provincia y nuestra región se condena a las comunidades originarias a la miseria y el olvido. Los gobiernos disfrazan la intención de eliminar la molestia que representan sus reclamos con el discurso grandilocuente de respeto a sus culturas y derechos o elevando, como en el caso de Misiones, al carácter de héroe provincial a uno de sus representantes históricos mediante una sobreactuación que contrasta violentamente con la realidad miserable de sus comunidades contenidos sus demandas por la Dirección de Asuntos Guaraníes, una institución que “hace como que”.

Volviendo a la realidad nacional, la dirección adoptada para el tratamiento de los conflictos con las comunidades mapuche en la Patagonia argentina, no es sino otro retroceso respecto a las aspiraciones que los votantes del Frente de todos pusimos en la fórmula propuesta por Cristina y las promesas de campaña con que accedieron al gobierno y es inaceptable. Y lo fueron también no haber recuperado la ley de medios y permitir que la concentración mediática cree un clima de odio como hacía tiempo no veíamos, la nunca llevada a cabo la reforma judicial que hoy es arma de la antidemocracia, también lo fue el retroceso ante la posibilidad justa y evidente de estatizar la empresa Vicentín que hubiera sido una herramienta fabulosa para el control de los precios de los alimentos, también el haber convalidado la ominosa deuda al FMI que nos dejó el gobierno de Macri que de nuevo nos pon en un escenario de ajuste y también lo son los cabildeos y la intención de entregar definitivamente la soberanía sobre el río Paraná que profundiza el sistema extractivista que es puerta de salida de nuestras riquezas sin que el pueblo Argentino participe de sus beneficios. Es tan larga la lista de concesiones políticas al poder concentrado que uno no puede más que indignarse porque es en ellas en las que se cimenta la creciente desigualdad que provoca la inflación y la pérdida del poder adquisitivo que condena a la pobreza a la mitad de la población y posterga indefinidamente nuestra realización como nación.

Todas estas circunstancias han llevado a muchos de quienes pusimos nuestra expectativas en el gobierno a un estado de desánimo y desilusión del que, creo, hay que salir rápidamente. Si bien hay motivos para sentirnos defraudados y es difícil encontrar una línea de conducción que señale un rumbo claro tenemos la obligación de encontrar en la idea de país con el que soñamos la motivación para convertir el desánimo y la rabia en fortaleza y acción. Y esto no es una ilusión vana y sin sustento porque no es cierto que nuestro espacio esté destinado a la derrota ya que lo que nos impulsa es la noción cierta de que nuestro país tiene las condiciones materiales, históricas y morales para contener a un pueblo feliz y no ser una mera factoría al servicio de intereses externos y gerenciada por 5 cipayos de látigo en mano y que prometen volver con mayor ferocidad. Y no es desde fuera del Frente de Todos desde donde hay que convocar al pueblo a volver al camino del desarrollo y la emancipación sino ocupando el espacio que esta situación circunstancial ha dejado en manos de administradores del sinsentido y no de militantes de la transformación. Debemos señalar clara y vehementemente los desvíos y las defecciones para que la sustancia del Frente de Todos sea la que logró la adhesión popular y que quienes la vaciaron de contenido vuelvan a ser una minoría insignificante. No tengo dudas de que retomando los valores que guiaron a los gobiernos populares, que siempre tuvieron en contra a los mismos enemigos, en 2023 conseguiremos una nueva victoria electoral y esta vez dando un paso firme hacia el país que soñamos.

Carlos Resio

Para analizar, reflexionar y debatir el ideario del Manifiesto Argentino, Carlos Resio, integrante de la Mesa Ejecutiva de la organización que conduce Mempo Giardinelli, comparte propuestas de la agenda pública en su columna semanal de cada miércoles, a las 7,30 en el programa Contala como quieras, en La 99.3

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