Medios opositores encuentran candidato

Columnistas felices por el conflicto de Larreta por la coparticipación. Horacio Rodríguez Larreta consiguió, en el enfrentamiento con el presidente Alberto Fernández, las primeras expresiones de respeto político de los columnistas que trabajan sin descanso por una ruptura del Frente de Todos que desemboque en crisis institucional. Hubo palabras complacientes, cuando no colmadas de tierna comprensión, para policías y ex policías que cercaron la Quinta de Olivos.
Hugo Muleiro

El jefe de Gobierno de la Ciudad fue subido apresuradamente a primera figura de la oposición y precandidato presidencial, aunque varios columnistas se esconden en la afirmación de que ese fue el fin buscado por Cristina Kirchner, sentenciada culpable -como desde hace años, y una vez más- de todas las circunstancias adversas que afronta el país.

Hugo Muleiro en La 99.3 el 14 de Septiembre de 2020

Sin embargo, el campeón mundial de la reposera dio un golpe de escena no previsto al reaparecer el domingo, tras otro de sus períodos vacacionales, con una nota que lleva su nombre en La Nación. Este diario que se le ofrece como trampolín: con una maniobra grotesca, la versión electrónica del domingo por la mañana dio las afirmaciones de Macri como noticia principal del día. Al lado nomás, las mismas afirmaciones “firmadas” por el ex presidente. Algo así como la proeza de dar dos veces la misma novedad. Clarín se acopló de inmediato y lo puso al gran turista como cuarto título de la jornada.

Un puñado de veinte periodistas independientes, y es una cifra cautelosa, publicó entre jueves y domingo exactamente la misma línea conceptual: los problemas en la Provincia de Buenos Aires, incluyendo a su desastrosa policía, son culpa del peronismo y nadie más. A la vez, Kicillof es responsable de la crisis policial -mucho más que el ministro Berni, criticado por algunos opinadores pero bien cuidado por otros- y el Presidente bajó la cabeza y fue al choque con el hasta ahora demasiado dialogante Rodríguez Larreta porque “Ella” le dio la orden.

Y, ¡por fin! el jefe capitalino “tuvo que plantarse” y “tomar el liderazo de la oposición”, como escribió Kirschbaum, en Clarín. Y ¡por fin! toma vuelo, según Laborda de La Nación. Y ¡por fin! “dejó el estilo zen” y se ubicó “en un nivel superior: enemigo de Cristina”, escribió González en Clarín. Y ¡por fin! respondió con “una elocuencia que no se le conocía”, escribió Roa en Clarín.

Sin embargo, habrá que esperar para saber si esta velocísima consagración del héroe es sostenida por este conjunto de medios, solo una parte del dispositivo que quiere reducir al mínimo posible el margen de acción del gobierno elegido hace diez meses y reemplazar sus propósitos políticos por otros, a gusto de las corporaciones multinacionales y nacionales que tanto disfrutaron los cuatro años de macrismo.

En principio, trataron con fenomenal condescendencia la rebelión policial, tan cerca del intento de de sedición que hasta algunos de los más furiosos antiperonistas del macrismo se vieron obligados a tomar distancia. Pero no fue descripto así en la crónica del miércoles de Clarín, con una malograda poesía al hablar de “marea de led”, por los patrulleros usurpados para la protesta. Y, claro, la disculpa ya clásica para cualquier maniobra de los sectores más antidemocráticos: todo se gestó en las “redes sociales”, algo así como espontáneo, para lo cual hubo necesidad de ignorar que con 48 horas de anticipación hubo representantes de la derecha que ya paladeaban la fiesta, en vivo por TN.

Sin resistirse al sofisma, Van der Kooy el jueves ubicó en el mismo plano la “ineficacia de Kicillof” con los excesos de los policías, pero no fue su peor contribución. Ya el domingo se babea con una crisis más grave: “Tal vez la rebelión policial represente solo un emergente de un desencanto social extendido”.

Curiosamente, el tono más severo, aunque siempre censurando el ataque institucional de los policías, fue el de Morales Solá. “La soberbia uniformada llegó muy lejos”, es una frase bastante dura si se la compara con la definición que le regaló Kirschbaum, “algarada” (“tumulto causado por algún tropel de gente”, DRAE dixit), o con el ánimo juguetón con que encaró el tema otro periodista/pensador, Gambini, sin más recursos en su menú que la basura cinematográfica estadounidense, para titular “Locademia de policía”.

Alconada Mon, el genio que según declaración en sede judicial no tiene por hábito chequear las versiones ni comprobar lo que se pone a escribir, enumera diez factores de la rebelión policial. Solo una de ellos tiene una mención crítica hacia los sublevados: la transitoria pérdida de “cajas negras”. Todos los demás serían razones “objetivas” y atendibles. Todo esto coronado por estos medios con simpáticas y casi conmovedoras “historias de vida” de estos esforzados patriotas que, con arma a la cintura, fueron hasta Olivos o hasta la casa del gobernador en La Plata.

Naturalmente, ningún cronista ni columnista se atreve a explorar que dirigentes de la ultraderecha, de adentro y afuera del macrismo, hayan azuzado la protesta. Clarín, La Nación e Infobae, además, censuraron la denuncia de que los policías llevaron a la protesta patrulleros con roturas luego de retirarlos de depósitos policiales en los que estaban fuera de servicio, justamente por su estado.

No es para sorprenderse: hasta medios que se declaran equidistantes o que se identifican con el Gobierno cayeron en la trampa e incluyeron crónicas e imágenes que ayudaron a rodear de razonabilidad los reclamos.

Como lo último que importa son las instituciones y el respeto a las normas hubo también condescendencia y comprensión para los piqueteros de country que impidieron cumplir la orden judicial de detención domiciliaria de Lázaro Báez. Tampoco importa el decoro: la redactora de Fesquet de Clarín se tomó su tiempo para emprenderla contra Dylan, culpable de haber sido centro de una broma política presidencial. Y por eso la redactora Vázquez de La Nación “razona” así: el recuerdo de los hechos del 9 de septiembre de 2001 en Estados Unidos evoca a su vez la “memoria local”, es decir el “que se vayan todos” del 2001 que es lo que, arriesga después, se está por dar o ya se está dando.

Tampoco importa el sentido común: por eso González, que suele intentar la cuerda irónica, escribió el martes en Clarín que no es momento en Argentina para que sea nombrado un “presidente” como Trump lo hizo con Guaidó. Sí: dice que aunque en el país hay “parecidos” con Venezuela, la oposición debe tener en cuenta que la fórmula usada con Guaidó no funcionó, ya que no se logró el objetivo de la toma del poder. Menos mal que nos hace el favor de aclararlo.

Y tampoco importa el periodismo en sí mismo: por eso estos medios dieron presencia fugaz y luego erradicaron de su menú la decisión del jueves con la cual los jueces Bruglia e Irurzun favorecieron a Dietrich, Dujovne e Iguacel, acusados de manejos corruptos en los peajes, negocio de la banda macrista por excelencia. Es que no les conviene que el público esclavo vea que estos jueces, alfiles en las causas contra el kirchnerismo, queden a la vez al desnudo, como encubridores de amigos y socios.

Este fallo se conoció el jueves. No tuvo lugar mínimamente decente en las ediciones del viernes. Ese día, a las 10, La Nación ofrecía en línea 99 títulos, pero la noticia no estaba incluida. Clarín ofrecía 124 títulos, pero la noticia no estaba incluida. Infobae ofrecía 112 títulos, pero la noticia no estaba incluida.

Semana a semana el periodista y escritor Hugo Muleiro repasa con detenimiento las columnas de opinión y análisis de los principales medios gráficos de mayor alcance nacional en tanto hegemónicos. Sus columnas se publican en Comunicadores de la Argentina (OPERETAS. www.comunanet.com.ar)

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