La prensa opositora espera un ataque de la Corte

La estrategia editorial contra el proyecto de reforma judicial del Gobierno repite los epítetos, palabras, letras y nombres para desacreditar la iniciativa presidencial. Dos semanas ininterrumpidas de este despliegue son coronadas el domingo 2 de agosto con preanuncios directos e indirectos de una reacción tormentosa de miembros de la Corte, al mejor estilo de una “vendetta”. Junto a esto, unas pocas líneas para la deshonrosa tarea de encubrir las fastuosas vacaciones de Macri en Europa.
Columnistas que van por lo imposible: defender a Macri.

Clarín, La Nación e Infobae no encuentran su límite en la repetición automatizada de dos o tres consignas para combatir la propuesta de reforma del presidente Alberto Fernández. No le temen al ridículo: si hasta hace cinco días le reprochaban deslizarse cómodo y feliz con la pandemia y la cuarentena, sin hacer más que aprovecharse de la crisis sanitaria, ahora lo critican porque toma esta iniciativa cuando su prioridad debe ser enfrentar al COVID-19.

Dos tercios de las portadas y títulos principales de las últimas dos semanas fueron usadas para denostar y desviar los propósitos de la iniciativa del Presidente. Y, con frases algo crípticas, hasta con tramos aparentemente mal escritas o expresamente confusas, preanuncian -o alientan- una reacción de los cuatro miembros de la Corte que no asistieron al acto en Casa de Gobierno.

El jefe de redacción de Clarín, Kirschbaum, se presenta esta vez al frente del pelotón: el domingo 2 entreteje suposiciones para abrir la posibilidad de un acuerdo espurio que dé protección judicial a Fernández de Kirchner y Macri, por las causas cuyas novedades, dicho sea de paso, son censuradas por el diario. Después de malabares pseudo analíticos, Kirschbaum muestra en parte sus cartas: cuatro de los cinco supremos, dice, se sienten “acorralados” por el Gobierno y reaccionarán con fallos el jueves. Será “una muestra de su poder de fuego”.

La jerga belicista no le alcanza y recurre al antiperiodismo terminal cuando menciona a “alguien” (¿un político, un juez compinche, un primo, un espía amigo, un fabricante de churros?) “se preguntó qué pasará si el Supremo declara la inconstitucionalidad del actual del Consejo de la Magistratura”. ¿Es una oración mal escrita por torpeza, por apuro para obedecer órdenes superiores, o por malicia? No lo sabemos: sí es evidente que nos quiere hacer pensar en una tormenta institucional, en días.

Es que el Consejo de la Magistratura es maldecido por los medios opositores tanto como el proyecto de reforma, por haber decidido revisar los traslados de jueces que el macrismo cometió para ir manejando las causas contra Cristina Kirchner y otros adversarios. Las acciones de esos jueces explican centenares de títulos y novedades impresas, propaladas por radios y canales de TV sin cuyo despliegue el dispositivo no habría funcionado.

Tras el latigazo de la repetición -Corte, reforma K, Cristina, Beraldi, impunidad K- también Morales Solá juega con una eventual novedad: la gestación de una “nueva mayoría en la Corte”.

También recorre un camino sinuoso un columnista de segunda línea de La Nación, Cappiello: primero dice que “todavía” no habrá “declaración de guerra” de la Corte. En un vaivén a todas luces malicioso, agrega que los supremos “afilarán” la lapicera pero no tienen en carpeta “el caso de la reforma del Consejo de la Magistratura”. Y avisa: un fallo de ellos convertiría a Rosenkrantz, el ex abogado de Clarín, en titular de ese Consejo. Juguetón, el redactor desliza: “nunca falta un expediente atrasado que revisar”. En el mismo diario, Sued hace coro publicando que los cortesanos “van a dar la pelea, con todas las herramientas a su alcance”.

Estos anuncios, que por momentos parecen amenazas políticas y hasta más ramplonas expresiones de deseos, conviven con una profundización de ataques al Presidente, rozando el insulto político y personal. Fernández, al mencionar su vocación de diálogo, es “por lo menos, cínico”, tipeó Pagni el martes en La Nación. Pero el jueves cambió de idea, aunque no el tono camorrero: “A Fernández no le sobra cinismo. Le falta astucia”.

Menos agresivo, Letjman de Infobae le adjudicó “actitud displicente” en la búsqueda de acuerdos. Miguel Wiñazki, con su odio incontrolable, publicó el sábado que la reforma es para “ayudar a los criminales”. No importa la solidez de datos ni argumentos, porque la orden a las y los columnistas es atacar y atacar, y así Rodríguez Yebra escribe en La Nación que tal vez Cristina Kirchner no es el problema del Frente de Todos, como su diario escribe todos los días, sino que tal vez ella sea la “excusa perfecta” de Alberto Fernández para “no asumir la responsabilidad de tomar las riendas del poder”.

Estas descalificaciones, que indican que hubo orden de poner fin a un tono de módico cuidado con el Presidente, contrastan con el amoroso cuidado para el gran vacacionista argentino: las notas de Clarín y La Nación del sábado y domingo sobre Macri obligarán a sus autoras europeas a borrarlas si algún día recordaran el principio de la dignidad periodística.

Responsable, el ex presidente usó “riguroso barbijo” para enfrentar sus “obligaciones” en Europa, relata La Nación, y por las dudas refuerza diciendo que el viaje “no será exclusivamente de descanso”. Además, el pobre tuvo que mudarse por las críticas respecto del alojamiento lujoso en el que se había instalado, adorado por millonarios, realezas y oligarcas de toda calaña. Agrega que fue una “excelente idea” la de pasar en Francia los primeros 14 días, porque las medidas sanitarias son más relajadas, y así puede ir a Niza a jugar golf. Eso sí, dice Clarín, es un “viaje agitado”.

El gran turista es corajudo, porque “paseó por París a pesar de los 40 grados”. Palabras del “gran diario”. Se cruzó con algunos argentinos que “lo saludaron”. Luego, el despacho acepta que la elección del hotel “no fue la decisión más afortunada”. Un error, sí, dice el texto “periodístico”, pero hay alguien peor en este mundo. No lo olviden, se llama Cristina Kirchner.

Este ADN se observa también en cierto festejo editorial porque el Gobierno retrocedió frente a los estafadores de Vicentín: el relato del retiro de la intervención habla de una épica de la “opinión pública” que doblegó al Presidente. Las crónicas y comentarios eluden meticulosamente cada uno de los delitos de los que están acusados los propietarios de la empresa, el tendal de acreedores y los favores que reciben de su juez, el encargado de la quiebra.

Es el mismo ADN que lleva a Van der Kooy a sincerarse y a levantar las mismas banderas de los terraplanistas de la política argentina: el domingo en Clarín publica que el Presidente se deja arrastrar únicamente por “la opción de los infectólogos”. Un poquito más y lo escribe: ¡infectadura!

Semana a semana el periodista y escritor Hugo Muleiro repasa con detenimiento las columnas de opinión y análisis de los principales medios gráficos de mayor alcance nacional en tanto hegemónicos. Sus columnas se publican en Comunicadores de la Argentina (OPERETAS. www.comunanet.com.ar)

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