Glifosato en el río Paraná

Agua que no debés beber

El herbicida sobre el cual la OMS ya advirtió que puede causar cáncer fue hallado esta vez en los sedimentos acumulados en la desembocadura de 23 arroyos y cursos de agua.

(Diario Junio). Un nuevo informe desarrollado por científicos del CONICET y publicado en el exterior alerta sobre altos niveles de toxicidad en el lecho y el agua del curso.  El documento destaca que en la región relevada “la utilización de plaguicidas aumentó 900% en las dos últimas décadas por efecto de la introducción de cultivos biotecnológicos y la aplicación de técnicas de siembra directa”.

Cipermetrina, endosulfan y clorpirifos encabezan con amplitud los indicadores de contaminación, sin embargo, en la zona también se ubicaron otros 20 plaguicidas aunque en concentraciones relativamente bajas respecto de los compuestos antes mencionados.

“La nueva evidencia reaviva no sólo la discusión en lo que hace a la calidad del insumo básico, sino que ademàs vuelve a colocar en el epicentro de la polémica el modo en que se está llevando a cabo la producción agropecuaria en la Argentina y cómo, por efecto de las prácticas consagradas, la presión ambiental atenta contra la seguridad misma de los ecosistemas en general.

Resta conocer si, como ocurrió el año pasado, el poder político volverá a hacer de cuenta que los argumentos científicos no valen la pena”.

En julio del año pasado el periodista, Patricio Eleiseguidio, advirtó que toda la cuenca del río Paraná, considerada la segunda más importante de Sudamérica detrás de la que comprende al Amazonas, está altamente contaminada con el herbicida glifosato o AMPA, su degradación. Ahora, una segunda entrega del material publicado por la revista internacional Environmental Monitoring and Assessment y a la que accedió el mismo periodista, eleva la vara a un nivel todavía más dramático: las aguas y el lecho del Paraguay y el Paraná presentan grandes concentraciones de insecticidas como el endosulfan -de uso prohibido en el país desde 2013-, la cipermetrina y el clorpirifos.

Como en la ocasión anterior, el monitoreo lleva la firma de, entre otros, Alicia Ronco -fallecida en noviembre del año pasado- y Damián Marino, ambos especialistas del CONICET, y afirma que el grado de contaminación detectado supera los límites establecidos para la protección de toda la vida acuática.

Según explicó Marino, los resultados provienen de muestras tomadas en 2010 y 2012 en 22 puntos diferentes de las cuencas mencionadas. El trabajo contó con la colaboración de Prefectura Nacional, que aportó su logística y el buque Luis Leloir para el traslado y desempeño de los científicos.

En sus conclusiones, el monitoreo señala que los altos niveles de plaguicidas constatados en agua y sedimentos tienen como causa la utilización de estos productos para la práctica agrícola en todos los territorios que atraviesa principalmente el Paraná. “La agricultura intensiva aporta cargas significativas a los afluentes en los tramos medio e inferior y estos luego llegan al curso de agua principal. A pesar de que hay diluciones y descargas, el nivel de concentración es tal que los productos se pueden detectar en la corriente de agua. Estos hallazgos exponen la necesidad urgente de regular la aplicación de pesticidas en la cuenca”, afirma el trabajo.

El documento destaca que en la región relevada “la utilización de plaguicidas aumentó 900% en las dos últimas décadas por efecto de la introducción de cultivos biotecnológicos y la aplicación de técnicas de siembra directa”: Cipermetrina, endosulfan y clorpirifos encabezan con amplitud los indicadores de contaminación. Sin embargo, reconoce la publicación, en la zona también se ubicaron otros 20 plaguicidas aunque en concentraciones relativamente bajas respecto de los compuestos antes mencionados.

“Las concentraciones de endosulfan, cipermetrina y clorpirifos son las cuantitativamente más relevantes. En cada caso, sus niveles de presencia son superiores a los recomendados para la seguridad de la vida acuática. Estos plaguicidas presentan una mayor afinidad por los sedimentos”, señala el trabajo.

Más glifosato, menos vida

(El Disenso). El estudio del Conicet sobre la presencia de residuos de agroquímicos y metales pesados en el Paraná detectó que el fondo de un río que desemboca en la cuenca tiene más glifosato que un campo de soja.

La aparición de millares de peces muertos y crías moribundas en la cuenca del Paraná la primera semana de febrero encendieron las alertas en varias provincias, y los lugareños adjudicaron la situación a los agrotóxicos arrastrados desde los campos por las lluvias e inundaciones. En ese momento, la respuesta inmediata por parte del gobierno fue negar que los decesos se estuviesen produciendo por envenenamiento y lo atribuyeron a “las altas temperaturas que desoxigenan el agua“.

En la investigación “Genocidio ecológico: millares de ejemplares envenenados con agrotóxicos por las inundaciones” en el sitio El Disenso se expuso la opinión de los científicos del Conicet, que ya habían alertado respecto a la presencia de pesticidas en la cuenca, provenientes de los cultivos de la zona.

Esta semana, desde Foro Ambiental se dio a conocer un nuevo estudio del Conicet, donde se detectó la presencia alarmante de agroquímicos y metales pesados en la cuenca del Paraná. El biólogo Damián Marino, investigador y profesor de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de la Plata (UNLP) reveló que en el tramo superior de la cuenca “hay concentraciones de distintos insecticidas de uso agrícola”, mientras que desde la media hacia la baja “existe una contaminación múltiple” con algunos metales y principalmente con glifosato, explicando  que si se toman en cuenta los parámetros internacionales, las muestras superaban por amplio margen los niveles de presencia tolerables con respecto al insecticida endosulfán, prohibido en argentina desde 2013, y sus posteriores reemplazantes: clirpirifós y cipermetrina.

La publicación científica validada a nivel mundial dice que todas las muestras de agua superaron para, al menos alguno de los plaguicidas, el nivel guía recomendado para toda la biota acuática y recomienda articular políticas inmediatas” explicó Marino. El monitoreo sobre la cuenca del Paraná se realizó en tres etapas: la primera fue en 2013, la segunda en 2016 y la más reciente en Enero de 2017, con las que se ratificó la presencia de agroquímicos tanto en el agua como en los sedimentos.

El estudio determinó que las aguas de los ríos San Lorenzo, Saladillo y Pavón tienen sedimentos con concentraciones superiores que provocan efectos letales en organismos, en tanto en la cuenca alta se detectaron implicancias subletales y alteraciones en el crecimiento vinculadas a altos niveles de plaguicidas.

Mirando los resultados, veíamos que el glifosato estaba pegado en partículas en suspensión o formando parte del sedimento. A partir de la cuenca media empezaba a aumentar la concentración. Y cuando llegaba a la altura de Luján, había aumentado mucho” explicó el investigador.

Los niveles de glifosato más AMPA, el metabolito en la degradación del glifosato, hallados en la cuenca del río “son unas cuatro veces las concentraciones que pueden encontrarse en un campo sembrado con soja”, concluyendo que “El fondo de un río que desemboca en el Paraná tiene más glifosato que un campo de soja”.

Todas las muestras de agua, material en suspensión y sedimento de fondo analizadas por los científicos evideciaron la presencia de insecticidas diseñados para matar insectos, demostrando que los insecticidas están distribuidos a lo largo de toda la cuenca.

 

Inundaciones, veneno y muertes en el río

La aparición de millares de peces muertos y crías moribundas en la cuenca del Paraná encendieron las alertas en varias provincias, y los lugareños adjudicaron la situación a los agrotóxicos arrastrados desde los campos por las lluvias e inundaciones. Desde el gobierno la respuesta inmediata fue negar que los decesos se estén produciendo por envenenamiento y lo atribuyeron a “las altas temperaturas que desoxigenan el agua”. Desde El Disenso te contamos que opinan los científicos del Conicet, que ya habían alertado respecto a la presencia de pesticidas en la cuenca, provenientes de los cultivos de la zona.

Las excusas oficiales

Jacinto Speranza, Ministro de Medio Ambiente de la provincia de Santa Fe explicó que se trata de “un fenómeno natural” y descartó de lleno haya agrotóxicos involucrados: “Los biólogos nos dicen que son procesos naturales por las altas temperaturas; las lagunas y ríos que estuvieron muy bajo por mucho tiempo. Una vez que vino esta crecida, trajo estos peces” (sic). La explicación de Speranza no convenció.

De acuerdo a un informe elaborado en tiempo récord por el Gobierno de Santa Fe, el calor y la repentina crecida de la cuenca provocaron una disminución en los niveles de oxígeno. El documento asegura que la crecida provocada por las intensas lluvias, arrastró materia orgánica desde lagunas internas, que al descomponerse y estar sometida a altas temperaturas, disminuyó los niveles de oxígeno.

La supuesta “falta de oxígeno” no explica los yacarés que aparecieron muertos en la orilla, por eso para los lugareños la razón es otra: las recientes lluvias provocaron crecidas que arrastraron agrotóxicos utilizados en los campos, y al llegar al curso de agua envenenaron a la fauna.

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