La hora del ciudadano

Si bien es muy antiguo y se remonta a la polis griega, el concepto de ciudadanía sobre el que quisiera reflexionar hoy, es el de la modernidad.
Carlos Resio en La 99.3 el 26 de agosto de 202

Durante los días de la revolución francesa, los habitantes de las ciudades solían decirse de ciudadano cuando se cruzaban en la calle. El protagonismo de aquellos que no habían tenido oportunidad de incidir en las cosas del estado hasta entonces, sentían que por fin se los escucharía. Prontamente esta sensación fue cortada a la altura del cuello en muchos casos. Este concepto, se fue puliendo y deformando por teorías políticas pero conserva la idea de un individuo como parte de un colectivo social organizado en un estado nacionaly comprometido con el bien común.

Volviendo a mi manía de recordar por qué caminos llegué hasta acá,  puedo decir que mi primer contacto con el concepto de ciudadanía fue en el primer año del secundario con la materia Estudio de la realidad social argentina (ERSA), instituida en la educación formal por el gobierno justicialista desde 1973. En Abril del 76, ya en segundo año el nombre de la materia cambió a Formación Cívica. Pasamos de un intento de sumergirnos críticamente a la realidad social a ser Formados en los valores Occidentales y cristianos. Siete años de Formación cívica mientras los que si eran ciudadanos eran desaparecidos y asesinados por quienes nos impartían valores bíblicos, de familia y civilidad dejando una brecha incompleta que hasta hoy proyecta sus efectos.

Treinta y cinco años de democracia, con una generación entera, la que hoy está en madurez dirigencial, formateada en esas escuelas y contextos culturales y diezmada por la dictadura pueden darnos una pista de la ciudadanía que hoy representamos. Los 35 años que siguieron no alcanzaron para reparar esa discontinuidad y también es cierto que aquellos que creímos derrotados con la primavera democrática aprendieron nuevas formas de sometimiento y colonización. No ya con el terror pero si con formas ocultas para quienes o no tienen los elementos para verlo o no quieren verlo. Y quiero decir también, para no crear confusión, que esta reflexión se centra mas en la ciudadanía de las clases medias, que tiene una expresión, un ejercicio de ciudadanía, según creo, muy distinta a la de las clases populares. Las asambleas barriales del 2002 y 2003 se diferenciaron bien de los movimientos piqueteros sin representación sindical y política formal aunque  la consigna piquete y cacerola, la lucha es una sola, intentaba relacionarlos. Esa conjunción desapareció rápidamente y hoy podemos ver lo que queda de aquellas cacerolas cuando señalan con asco a quienes son beneficiados con programas de ayuda.

Esta descripción temporal me sirve para tratar de pensar en cuál es el concepto de ciudadanía que tienen quienes comparten con nosotros esta realidad y actúan como si todo les fuera ajeno a su propia responsabilidad. Después de aquel “que se vayan todos”, se quedaron todos y solo bastó para eso, en muchos casos, con volver a poner dinero en los bolsillos y devolver una sensación de tranquilidad a nuestra case media. Con poca o ninguna capacidad de relacionar su propia situación con las circunstancias que la genera, el ciudadano de clase media parece ser un sujeto que solo valora la situación de su pequeño círculo asumiendo como realidad exterior a él lo que los medios le indican haciéndoles creer no es su responsabilidad, que es ajeno a ese escenario. De nuevo, parece que fuera incapaz de unir causa y efecto.

La derecha ha sido eficiente para instalar prejuicios, sensaciones de odio y temor con información falsa o distorsionada además de errores de comunicación en el campo popular, pero el receptor que tomó todo esto sin chistar no es inocente, incluso aquellos que después de los 90 se recuperaron e ingresaron a las clases medias con los gobiernos kirchneristas parecen haber incorporado las características descriptas y también reaccionan en contra de quienes los beneficiaron antes. Hay que reconocer que los mecanismos de colonización han sido eficientes. Sé que esto es mundial, pero mal de muchos es consuelo de tontos.

Por esto es preocupante el clima que la oposición y los factores de poder están abonando desde hace ya mas de una década pero sobre todo después de haber sido desplazados del gobierno, hecho que, me parece, no esperaban y hoy los enloquece. Y digo que es preocupante precisamente porque el ciudadano que se necesita para contrarrestar este clima parece no estar. Cuando escuchamos a quienes votaron a Cambiemos, y con alguna lucidez aceptan su fracaso y falsedad, decirnos que son todo lo mismo (Dolina) y que los políticos solo vienen a robarnos, o piden que lo único que les interesa es “vivir tranquilos” debemos interpretar que lo que nos dicen es “no importa quien gobierne si total son todos lo mismo, lo único que quiero es que no toquen mis privilegios, por lo demás que lo arreglen sin molestarme”.

Este clima del que hablo puede reconocerse en otros momentos históricos, no es nuevo, y distintos lugares. A partir de esto se han desatado tragedias inimaginadas. Las crisis económicas no hicieron mas que completar la escena y liberar las tensiones contenidas pero creadas intencionalmente. Tenemos experiencia previa para saber reconocerlos. Y eso es lo que me parece ver cuando veo a los medios mostrando a ese tipo de fenómeno surrealista que son las marchas anticuarentena pero también las expresiones de dirigentes de la política formal calificando al gobierno actual de dictadura, preguntándose impunemente cuanto falta para que caiga o augurando que el año que viene no habrá elecciones porque un golpe militar llegará antes y tantas otras expresiones antidemocráticas y destituyentes al servicio del poder del dinero.

Hemos llegado a este estado de cosas, me parece, por una paulatina e ininterrumpida pérdida de calidad ciudadana que nos hace retroceder. Recuperar esa calidad es responsabilidad de todos. Tanto de partidos políticos como de instituciones de todos los ámbitos pero también del ciudadano individual. Es necesario que los mensajes de odio y antipolítica vuelvan a ser rechazados de plano a tal punto de que sus ideólogos ya no se atrevan a expresarlos y sigan en ese ámbito marginal del que no deberían haber salido. Entiendo que esta situación de pandemia agrega elementos que lo complican. Pero solamente lograremos esa recuperación si entendemos que una democracia de alta intensidad es el camino. Una democracia que no solamente esté protagonizada por expresiones partidarias sino que impregne todos los aspectos de la vida social argentina y que sea de interés principal del ciudadano. Ese es el desafío y hoy, más que nunca, tendremos que entregar nuestro mayor compromiso allí donde nos toque.

Carlos Resio

El Manifiesto Argentino es un colectivo integrado por ciudadanos y ciudadanas de toda la república, y todas las profesiones y actividades, que ha instalado ya en la agenda política de la República Argentina algunas ideas hoy fundamentales para la vida nacional. En primer lugar la necesidad de una Reforma Constitucional profunda y popular de la que resulte una Nueva Constitución Nacional.

Para analizar, reflexionar y debatir el ideario del Manifiesto Argentino, Carlos Resio, integrante de la Mesa Ejecutiva de la organización que conduce Mempo Giardinelli, comparte propuestas de la agenda pública en su columna semanal de cada miércoles, a las 7,30 en el programa Contala como quieras, en La 99.3

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